El discurso más hipócrita de la historia

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Por estos días, cuando sesiona  el encuentro plenario número 72 de la Organización de Naciones Unidas y con los terribles impactos de fenómenos naturales como los recientes huracanes que afectaron varias naciones del Caribe, así como del sismo de magnitud 7.1 que sacudió a México, hay políticos que se dan el lujo de juzgar, de proferir acusaciones sin pruebas y conminar a la comunidad internacional a bloquear países solo por no concordar con sus sistemas políticos.

Ese es el caso del presidente Donald Trump, la figura cimera de Estados Unidos, y no cimera porque se destaque en hacer el bien ni en promover la paz o la cooperación precisamente. Trump, el jefe de estado que no ganó los votos populares en su propio país y que ha mantenido desde su llegada a la Casa Blanca una retórica imperial que pone a Estados Unidos en el centro de todas las coyunturas internacionales -con la tradicional filosofía del policía mundial- ha osado arremeter en su discurso contra naciones y gobiernos “no alineados” con sus intereses.

Uno de los aspectos más recurrentes en su intervención en Naciones Unidas fue el conflicto en la península coreana, pero toda la culpa recae en Corea del Norte, que califica como una amenaza a la seguridad global por su desarrollo nuclear -como si Estados Unidos no lo tuviera también y ofreciera provisiones de este tipo a sus aliados-. Pero lo más insólito es que su gobierno ha incluido en su lista de amenazas a Venezuela, cuyo gobierno legítimo ha concentrado sus esfuerzos en pos del bienestar de su población.

Al referirse al terrorismo, Trump pareció olvidar al país terrorista que lanzó bombas nucleares en 1945 contra la población civil de Japón para demostrar exclusivamente su supremacía. Estados Unidos es el mismo país que ha promovido las guerras más recientes en Afganistán, Iraq y Siria, alegando la existencia de gobiernos “déspotas” y patrocinadores del terrorismo.

Con respecto a otros pequeños estados como Cuba, que seguramente el jefe del imperio ve como hormigas insolentes que deben ser aplastadas, Trump aseguró que no cesarán las sanciones de su gobierno contra la Isla hasta que vea un “cambio”, al tiempo que descartó cualquier diálogo civilizado en tanto su contraparte no se pliegue a su voluntad.

Lo que dijo el señor presidente no concuerda en absoluto con lo que expresa indistintamente en algunos ámbitos donde asegura estar comprometido con la prosperidad del pueblo cubano.

Es una mala práctica la de inmiscuirse en los asuntos internos de otros países y andar por ahí diciendo que el mundo debe condenar “esto” o “aquello” cuando el imperio que comanda no ha sido ejemplo de buena vecindad ni del principio de cooperación que defienden las Naciones Unidas.

 

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